Historia

Los origenes de Hervás datan de finales del siglo XII, su proximidad a la Vía de la Plata, que de hecho atraviesa su término municipal, mantuvo siempre a este enclave en contactos con los diferentes pueblos que llegaron a la Península.

Durante el reinado de Alfonso VIII, con la ayuda de los caballeros abulenses repoblará y controlará estas tierras al sur de la sierra; después fundará Plasencia (1186) asignándola un término concejil propio, separado del que hasta esa fecha había sido territorio de Ávila, quedando así Hervás segregado de Ávila e integrado en Plasencia.

Poco durará Hervás bajo la dependencia de Plasencia; sólo veinte años después el mismo monarca decide crear una nueva villa con término o tierra propia en Béjar. A partir de 1209 la historia de Hervás es la misma que la de Béjar como una aldea más de su extenso alfoz. Durante este periodo vecinos hervasenses ayudarán a este monarca en la reconquista, y por ello, serán premiados con el título de Lealtad por su colaboración en la batalla de las Navas de Tolosa. Luego por su participación en la toma de Baeza, Fernando III le concederá la Bordadura de Gules con ocho aspas que rodean las armas de su escudo.

No serán las únicas mercedes reales que reciban los hervasenses, pues en 1264 Doña Violante, esposa de Alfonso Xdonará a Hervás el monte Castañar Gallego para que sea de aprovechamiento propio y exclusivo de ellos, ante el estupor de los bejaranos que lo reivindican como aprovechamiento comunal de la villa y tierra de Béjar. Este regalo de la reina tendrá una importancia decisiva en el desarrollo hervasense por todo lo que supuso el aprovechamiento de los frutos y la madera en la cestería, la ebanistería y el urbanismo donde se emplearon ingentes cantidades de madera todavía visibles. Por la importancia que tuvo la donación del monte, Hervás no cejará de reivindicar su soberanía frente a Béjar. Lo hace en las reuniones de la Tierra donde defiende la soberanía sobre el monte Castañar Gallego y, cuando la ocasión se lo permite, mediante ordenanzas que fijan y consolidan su patrimonio frente al dominio bejarano. Lo concretarán formalmente ante el duque de Béjar, que desde 1396 será dueño del señorío bejarano y también de Hervás hasta la desaparición definitiva de los señoríos jurisdiccionales en 1837. Unos años antes, en 1816, Hervás que llevaba años batallando su independencia, por fin consiguió el privilegio de exención y villazgo de Béjar, justo 17 años antes de que pasara a pertenecer también definitivamente a la provincia de Cáceres con motivo de la reforma administrativa propiciada por Javier del Burgos en 1833.

Un hecho especialmente identitario y diferencial respecto de la comarca y en general con el resto de la región, es su pasado industrial. En efecto, a Hervás llegó en 1734 por iniciativa ducal el súbdito inglés Juan Cortés, fabricante de paños finos, que logró dar el salto de una actividad hasta entonces artesanal y dispersa a un modelo de producción organizada y especializada. El éxito fue tal, que el propio Felipe V concedió a Juan Cortés libertad de alcabalas y cientos en las primeras ventas de los paños finos que elaborara, y para los maestros, oficiales y aprendices de dicha fábrica que se les eximiera de cargas y oficios concejiles, de levas, quintas, reclutas y alojamientos de soldados y, además, se les aplicaría el fuero de la Junta en todas sus causas civiles y criminales.

A raíz del giro que iba tomando la industria, el duque concedió autorización a Juan Cortés para que pudiera utilizar una caldera especial para los tintes, y así, aprovechando la pureza que estas aguas tienen por la carencia de sales cálcicas, consiguió fijar un colorido perfecto en los paños finos y de esta forma dar una fama a los tintes que el propio duque aprovecharía para tener el monopolio sobre ellos.

La Junta de Comercio y Moneda concedió unas ordenanzas comunes a los fabricantes de Béjar y Hervás en 1765 para impulsar la floreciente industria de ambas poblaciones, pero en lugar de resolver los problemas fue motivo de enfrentamientos y desavenencias a causa de la calidad de los paños. En principio los pañeros hervasenses dependían de las autoridades bejaranas, pero después se les dotó de veedores propios, no sin reticencia de los fabricantes bejaranos que intentaron entorpecer la venta de los paños de Hervás acusándoles de hacerlo con el sello bejarano. Se cruzaron una serie de acusaciones que terminaron en agrios y costosos pleitos, hasta que el "16 de noviembre de 1780 el propio rey a través de su Junta General de Comercio y Moneda acordó por combeniente la separación de la Fábrica de Paños de ese lugar de la Villa de Béjar".

Desde entonces, libre ya de los impedimentos bejaranos, la industria textil de Hervás empieza su etapa más floreciente. La producción se dispara y amplía su circuito comercial haciendo notar su presencia en las principales ferias del país. Lo reconocen así las propias autoridades hervasenses cuando se refieren a esta "década prodigiosa", concretamente a los años comprendidos entre 1780 y 1790, diciendo que si continúa el aumento de esta fábrica será este pueblo uno de los más felices de el Reino.

Los paños hervasenses perduraron hasta finales del siglo, como prueba la carta escrita por Juan Manuel Álvarez para al conde de Campo de Alange el 31de enero de 1794, donde aconseja a los coroneles del Ejército comprar en la fábrica de Hervás el nuevo vestuario para los soldados por la calidad y coste tan razonable.

Otro  hecho de especial relevancia para Hervás fue la llegada del ferrocarril. En efecto, el primer tramo de la línea que uniría Empalme con Astorga de 55,7 kilómetros se empezó a construir en 1890 y llegaría a Hervás tres años después. En aquel momento el ferrocarril era sinónimo de progreso porque extendía puentes en los parajes más inaccesibles, perforaba túneles en las grandes montañas y llevaba sus vías desde la ciudad a los más alejados lugares. En el diseño del trazado Hervás hace valer su preponderancia industrial y oferta a la compañía el regalo de los terrenos por el que discurriría la vía para que el ferrocarril pasase por esta villa aunque tenga que desviarse de su ruta natural haciendo una gran curva. La compañía lo aceptó y se hizo el trazado y la estación en Hervás configurando de manera importante su estructura productiva y urbana.

En el año 1895 llegaría la Luz eléctrica a Hervás, mucho antes que en varias capitales de provincia, dos publicaciones El Ecol y El Ariete, una imprenta, luego otro periódico El Ambrot .Como muestra evidente de la bonanza y el desarrollo que adquirió esta villa en el siglo XIX vemos el surgimiento de una pequeña burguesía local, generalmente enfrentada a una masa proletaria industrial que, a través de sus reivindicaciones, estos movimientos obreros llegaron a convertirse en los precursores a nivel nacional de la defensa de los derechos sociales.

Desde el año 1969, Hervás el casco histórico fue declarado Conjunto Histórico Artístico, barrio de arquitectura singular por el uso de materias nobles como la madera, convinado con el adobe y teja en su tejados y fachadas, por un entramado de calles sinuosas y estrechas, conocido como; "Barrio Judío". La comunidad judía  que residió en Hervás, antes del edicto de expulsión de los Reyes Católicos en 1942,  estaba formada por unas 45 familias, sin rango de aljama, los judios de Hervás residieron en el actual "Barrio Judio", en calles como el Rabilero o la Sinagoga, pero también en calles cristianas como la Plaza, la Corredera o la Calle de los Comercio o Relator González.

calle del barrio judío calle de la cuestecilla iglesia